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El poder de la superación

Nosotros contamos

Nota

Reproducimos en este artículo el relato de Federico Cascón, uno de nuestros asociados, publicado en Diario de Cádiz en septiembre del año pasado.



El poder de la superación
Fran Cascón nació con una malformación congénita. “Cuando creíamos que nos íbamos para casa nos dijeron que el niño tenía un soplito en el corazón”, cuenta Federico, quien asegura que “te pegas un susto, pero no te haces a la idea de lo fuerte que es 'la enfemedad'”.

Las cardiopatías congénitas son enfermedades del corazón o de los vasos sanguíneos circundantes que se producen en los estadios más tempranos del desarrollo del embrión, por lo que son patologías con las que se nace. Según Bermúdez-Cañete, presidente de la Sociedad Española de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas, “ocurre aproximadamente en 1 de cada 125 recién nacidos vivos, así que en España debe rondar entre los 3.750 y 4.000 al año”. Si bien el doctor apunta que “el 85% de los niños afectados llega a la edad adulta”. Resalta el hecho de que “este grupo puede acumular estrés y sufrimiento debido a que tengan que pasar varias veces por el quirófano, UVI, sala de cateterismo, y múltiples pruebas. Con lo que el manejo personal y médico, debe ser cálido y comprensivo además de científico”.


Retos de futuro


En función de la repercusión en la vida del paciente, las cardiopatías congénitas pueden clasificarse en simples y complejas. Las simples afectan a un lugar del aparato circulatorio. Tal es el caso, de la comunicación interventricular y la comunicación interauricular. En cambio, las complejas afectan a varios lugares del corazón o grandes vasos y son de tratamiento más temprano, complejo y especializado. El caso de Fran es una atrepsia pulmonar con comunicación interventricular, “es complicado porque no existe ninguno exactamente igual al de nuestro hijo”. “Con tres meses le hicieron el primer cateterismo, a los 18 meses fue la primera intervención con una duración de seis horas y con seis años tuvo la segunda a corazón abierto”, cuenta su madre, quien asegura que esta última fue la peor porque el niño ya es más consciente.

No obstante, Fran es todo un campeón y con cada intervención ha ido mejorando: ahora tiene mejor color, mejor aspecto físico y sobre todo una mayor resistencia pulmonar. “Él va al colegio perfectamente e incluso juega al fútbol”, cuentan sus padres. “Eso sí, él sabe muy bien lo que tiene y donde están sus limitaciones, así que cuando se cansa, él mismo para de correr”.

Para esta familia sevillana, el apoyo de los especialistas ha sido fundamental desde el primer día. La Asociación Corazón y Vida, el equipo del Hospital Infantil Virgen del Rocío y por su puesto Elena, su psicóloga, han permanecido al lado de ellos todos estos años. Pero en último termino el éxito en la evolución de Fran es de sus padres, quienes han sabido manejar en todo momento los hilos de la situación, consiguiendo la colaboración de su hijo.


Noticia original en Diario de Cádiz >

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