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El trasplante de corazón (II)

A fondo

Nota

Este artículo continúa el último publicado en nuestra sección 'A fondo' bajo el título El trasplante de corazón (I), completando la información referente al fenómeno del rechazo, el funcionamiento de las listas de espera, los posibles traumas derivados del trasplante, el seguimiento y la calidad de vida de los niños trasplantados y los corazones artificiales, entre otros temas.



Los riesgos del rechazo y las infecciones

El trasplante de corazón (II)
El rechazo es una reacción natural del organismo contra un objeto extraño. Al recibir el niño trasplantado el corazón de un donante, su sistema inmunológico ataca al nuevo órgano, al que considera una amenaza, deteriorándolo rápidamente. Este ataque es más o menos agresivo dependiendo de la compatibilidad del órgano implantado. Así, un corazón humano genera menor rechazo que uno de origen animal y, dentro de los corazones humanos, también los hay más compatibles que otros con el receptor, aunque la compatibilidad nunca es del 100%. Este fenómeno fue el culpable del fracaso de los primeros trasplantes de corazón, que dejaron de practicarse masivamente a partir de 1970 hasta que se encontró una solución a este problema.

La solución llegó en 1983, con la aprobación del uso de de la ciclosporina, un inmunodepresor descubierto en 1972 por la empresa farmacéutica suiza Sandoz (ahora Novartis) y que minimiza los efectos del rechazo, prolongando así la vida del órgano trasplantado. Posteriormente, en 1984, se descubre en una muestra de suelo japonés el Tacrolimus (FK-506 o Fujimycin), un nuevo medicamento inmunosupresor más efectivo a largo plazo que la ciclosporina. Su uso en pacientes no se aprobó hasta 1994.

El trasplante de corazón (II)

Aunque gracias a la administración de estos medicamentos de por vida el rechazo puede controlarse, hay que estar alerta durante el primer año tras la operación, muy especialmente durante los 3 primeros meses, que es cuando hay más probabilidad de que este proceso dé la cara. Los síntomas dependen de cada caso, pero en general los niños presentas cuadros febriles, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, disminución de la cantidad de orina, dolor abdominal, cansancio, pérdida de apetito... Si se detectara rechazo, en el 95% de los casos se soluciona reajustando la medicación.

Gracias a la experiencia y a la investigación, los médicos y científicos aprenden cada día más acerca del rechazo y, en consecuencia, los resultados de este tipo de intervenciones son cada vez más alentadores.

Otro riesgo que puede aparecer, especialmente en los primeros meses tras la intervención, son las infecciones. Dado que las defensas del niño recién operado se mantienen a niveles mínimos con medicamentos inmunosupresores para evitar el rechazo, los gérmenes hospitalarios y los virus oportunistas aprovechan para atacarlo. Las infecciones más comunes son de tipo respiratorio (catarro, bronquitis, otitis, neumonía...), aunque también pueden darse otras como la del virus de la varicela o el citomegalovirus.

Para evitar las infecciones se recomienda extremar las medidas de higiene, como lavarse las manos frecuentemente, sobre todo antes de las comidas. Además, hay que evitar llevar al niño a espacios cerrados con altas concentraciones de personas (cines, centros comerciales, guarderías infantiles y colegios...) y durante los 3 primeros meses debería evitarse el contacto con otros niños menores de 6 años, con ancianos y en general con cualquier persona que presente síntomas de infección. El calendario de vacunaciones se suspenderá durante los 3 meses posteriores al trasplante y, una vez retomado, se omitirá las vacunas con virus vivos (varicela, triple vírica, poliomielitis) o se sustituirán por otras que contengan virus muertos cuando sea posible. Es recomendable que toda la familia se vacune anualmente contra la gripe, incluido el niño, a partir de los 6 meses. Finalmente, en niños menores de 2 años trasplantados, es necesaria la vacunación contra el virus sincitial respiratorio causante de la bronquiolitis.


Seguimiento del niño trasplantado

El trasplante de corazón (II)
Los niños trasplantados de corazón necesitarán medicación y seguimiento de por vida, especialmente durante el primer año después de la intervención. Es fundamental acudir regularmente a todas las citas con el equipo de trasplante, incluso si el niño aparenta estar perfectamente. En esas revisiones se le regulará la medicación en función de los resultados de una serie de pruebas diagnósticas, que pueden incluir, según el caso, examen físico completo, análisis de sangre, electrocardiograma, ecocardiograma e incluso cateterismo cardiaco.

Esta regulación periódica de la medicación de forma individual es de vital importancia para mantener en todo momento el delicado equilibrio entre dos peligros: por un lado, un exceso de medicación inmunodepresora puede debilitar demasiado el sistema inmunológico, favoreciendo las infecciones; por otro, un dosis demasiado baja de inmunodepresores aceleraría el proceso de rechazo, deteriorando el corazón implantado.


La calidad de vida del niño trasplantado

Un niño trasplantado notará la mejoría de su estado de salud inmediatamente. Transcurridos unos meses, podrá realizar ejercicio físico con normalidad e incluso, consultándolo previamente con su cardiólogo, podrá participar en deportes de competición. De hecho, sería contraproducente que el niño recibiera un trato distinto al resto de sus compañeros en la asignatura de Educación Física. Sirva como ejemplo la trayectoria de Adrián Rodríguez Álvarez, un niño de Villaescusa (Cantabria) que, gracias a su corazón trasplantado, ha cosechado numerosos títulos en los en los Juegos Nacionales y los Mundiales de Transplantados.

Podio de salto de longitud de los Juegos Mundiales de Atletismo para Transplantados celebrados en 2009 en Australia
Podio de salto de longitud de los Juegos Mundiales de Atletismo para Transplantados celebrados en 2009 en Australia

Aunque estos niños gozarán de una buena calidad de vida gracias a la normalización de su función cardiaca, tendrán ciertas limitaciones, sobre todo durante los primeros meses, en los que no deberían viajar al extranjero, tomar alimentos crudos o poco hechos, permanecer en locales cerrados muy concurridos, tener contacto con animales o acercarse a personas con síntomas de infección. Otras limitaciones de por vida son la necesidad de medicarse a diario, el uso de ciertos medicamentos que pueden alterar los efectos de los inmunosupresores o la necesidad de protegerse de una exposición directa y continuada al sol por similares motivos.

De todos modos, no hay que olvidar que actualmente un trasplante cardiaco no es una solución definitiva; tiene una fecha de caducidad. En el momento del trasplante comienza una cuenta atrás en la que el corazón va degenerándose debido al rechazo, aunque muy poco a poco gracias a la medicación. Afortunadamente para los afectados, la ciencia avanza rápidamente: se aprueban nuevos fármacos más eficaces, se avanza en terapias de regeneración de tejidos con células madre, se fabrican corazones artificiales cada vez más eficientes... El futuro es muy prometedor en este campo.


Posibles traumas derivados del transplante

Los traumas psicológicos que pueden aparecer tras el trasplante son mucho más acentuados en adultos que en niños. Manuel Moreno Núñez, secretario de la Asociación de Trasplantados de Corazón de Andalucía "Ciudad Híspalis", afirmaba en una entrevista concedida al diario 20 Minutos que los trasplantados "sentimos que tenemos algo extraño cuando nos trasplantan el corazón. Es complicado aceptar tener el corazón de otra persona".

Afortunadamente, los niños se comportan de manera diferente después de la cirugía. En la mayoría de los casos, sus cambios de comportamiento tras la cirugía son pasajeros. Es posible que los más pequeños necesiten más atención y pueden mostrarse más irritables y exigentes. Pueden tener pesadillas, poco apetito y ensuciarse por accidente, incluso si han aprendido perfectamente a avisar que quieren ir al baño. Los niños mayores pueden tener regresiones y volver a conductas de etapas anteriores ya superadas, volverse más intransigentes o mostrarse retraídos o huraños. Estos cambios de comportamiento son normales, en especial en los niños pequeños, que tienen capacidad limitada para comprender y hablar sobre la cirugía.


Donantes de corazón

El trasplante de corazón (II)
Denise Ann Darvall fue la primera donante de corazón de la historia. Se encontraba en situación de muerte cerebral tras un accidente de coche, conectada a máquinas que mantenían su cuerpo con vida. El 3 de diciembre de 1967, su corazón siguió latiendo durante 18 días más en el pecho de Louis Wahskanski, intervenido por el Dr. Christiaan Barnard en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). Curiosamente, hoy día la mayoría de los corazones de donantes siguen viniendo de jóvenes que, como ella, fallecen en accidente de tráfico.

Según el registro Mundial de Trasplantes que gestiona la ONT, cada año se efectúan en todo el mundo entre 5.500 y 6.000 trasplantes de corazón, de los que unos 240-260 tienen lugar en España. Las cifras de trasplantes infantiles son bastante más discretas, rondando una cifra global de 300 al año, de los cuales unos 17 se realizan en nuestro país.

Podemos estar orgullosos de que España sea el país que más donantes tiene del mundo y por ello, el lugar donde, gracias a la solidaridad de las personas, hay más posibilidades de recibir un corazón. De hecho, en el año 2000 alcanzamos la cifra récord de 353 trasplantes. Sin embargo, a partir de ese mismo año se ha producido un descenso generalizado de este tipo de operaciones de corazón en todo el mundo como consecuencia, por un lado, del desarrollo de soluciones alternativas para algunas enfermedades que antes sólo se resolvían con un trasplante, y por otro, por la disminución de víctimas al volante gracias al éxito de las políticas dirigidas a mejorar la seguridad vial.
El trasplante de corazón (II)

La lista de espera

La Organización Nacional de Trasplantes (ONT), organismo dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo, es la entidad encargada de velar por la equidad de trato hacia los pacientes que precisan un trasplante de corazón.

Una vez que el caso es evaluado por un equipo médico del centro en el que se hará el trasplante, su informe se remite a la ONT, que, en función de unas pautas que tienen en cuenta la gravedad de la enfermedad y la urgencia para recibir el órgano sano, lo incorpora a la lista de espera de trasplantes.

Después de ingresar en la lista, la espera es incierta, pero para trasplantes pediátricos suele rondar los 60 días de media. Este plazo, relativamente corto, es posible gracias a que, como hemos mencionado anteriormente, nuestro país es uno de los más generosos y solidarios en lo que a número de donantes de órganos se refiere.

Llegado el momento, cualquier día del año y a cualquier hora del día o de la noche, los padres recibirán una llamada del centro trasplantador avisándoles de la disponibilidad de un corazón para su hijo. Si el niño no está ingresado, debe encontrarse, en cualquier caso, a menos de una hora del hospital donde será intervenido.


Corazones artificiales

Por lo general, el número de personas que necesitan un trasplante es siempre superior al número de donaciones, lo que genera listas de esperas y fallecimientos porque el órgano de un donante no llega a tiempo. Por eso, la vida de muchos enfermos de corazón depende del éxito en el desarrollo de los corazones artificiales, ya sea para extender su tiempo de espera hasta recibir una donación, o como sustituto permanente para el resto de su vida. Otro punto a favor de estos dispositivos es que disminuirían los traumas que para un adulto supone llevar en el pecho el corazón de otra persona y saber que para seguir viviendo, otra persona tiene que morir.

Los corazones artificiales son dispositivos mecánicos que sutituyen o asisten al corazón enfermo. De esta definición se deduce que hay dos tipos:

Corazón artificial total (TAH - Total Artificial Heart): sirve para reemplazar el corazón del receptor, reproduciendo su función de bombeo de los dos circuitos sanguíneos.

Dispositivo de asistencia cardíaca (VAD - Ventricular Assist Device): no sustituye al corazón, sino que ayuda a alguno de sus ventrículos o a ambos a bombear la sangre.

Los antecedentes del corazón artificial hay que buscarlos en el bypass cardiopulmonar (BCP), utilizado desde los años 50 para practicar operaciones a corazón abierto con circulación extracorpórea. El éxito de estos aparatosos dispositivos que imitaban las funciones del corazón y de los pulmones, hizo posible que en 1963 se implantara en un humano el primer dispositivo de asistencia ventricular y, en 1969, el primer corazón artificial total. Desde entonces se han ido desarrollando dispositivos cada vez más más pequeños y eficientes para ayudar o sustituir el corazón dañado.

Los principales problemas que ha habido que solucionar desde entonces han sido el tamaño y el peso del aparato, el rechazo del organismo al implante de un elemento extraño, la formación de coágulos de sangre en la superficie de los materiales no orgánicos, el daño de los tejidos periféricos producido por el sobrecalentamiento de los motores o las fuentes de energía, la regulación de la frecuencia cardiaca en función de la actividad desarrollada por el paciente, la autonomía de la batería que alimenta las bombas y la vida útil del dispositivo.

El trasplante de corazón (II)
La empresa fracesa Carmat, en la que trabajan ingenieros aeronáuticos de EADS junto al personal médico, tienen previsto lanzar al mercado en 2013 un corazón artificial que tiene e mismo volumen y peso que un corazón humano, lleva un recubrimiento orgánico que evita el rechazo y la coagulación de la sangre, usa una fuente de energía de baja emisión de calor, es capaz de adaptar su frecuencia automáticamente a las necesidades del paciente implantado y tiene una vida útil de 6 años como mínimo. Sin embargo, la duración de sus baterías (el paciente debe recargarlas cada 6 horas) y su elevado coste (rondará los 250.000 euros) siguen siendo sus puntos débiles.


Una visión de futuro

Queremos cerrar este artículo transmitiendo a nuestros lectores un mensaje de esperanza en el futuro. Juguemos por un momento a ser Julio Verne, el célebre escritor francés de novelas de aventuras del S.XIX que vaticinó la construcción de máquinas con las que poder viajar bajo los mares o la posibilidad de llegar a la Luna en un misil balístico.

Los medicamentos inmunosupresores, aunque han sido y siguen siendo una gran ayuda en la actualidad, no parecen ser la solución definitiva al problema del trasplante, al menos por sí solos, ya que su función es exclusivamente debilitar el sistema inmunológico. Éste no tiene visos de ser el camino correcto porque además de hacer depender la vida del paciente de la administración continua de estos fármacos y dejar su organismo sin defensa ante las infecciones, no detiene completamente el deterioro progresivo del corazón trasplantado por el efecto del rechazo. La solución ideal debe ser biocompatible con el portador y darle mayor autonomía.

Por otra parte, el desarrollo de corazones artificiales avanza muy rápidamente y pronto esta solución dará el relevo al trasplante de humano a humano y a los inmunosupresores. Aunque parece posible conseguir a corto-medio plazo un corazón mecánico totalmente biocompatible con el paciente trasplantado, estos dispositivos presentan otro problema que no tiene solución a la vista: su autonomía. Sus baterías deben ser recargadas incluso varias veces al día. Seguramente la ciencia consiga algún día superar este problema, que afecta en la actualidad a otros muchos inventos (marcapasos, desfibriladores implantables, audífonos, coches eléctricos, smartphones, tablets...). Seguramente se consiga superar la capacidad del ion-litio para almacenar energía en un volumen reducido, pero sin dudas el futuro es el desarrollo de un generador de dimensiones reducidas capaz de extraer energía del calor que genera nuestro propio cuerpo, o mediante un proceso bioquímico a partir de las sustancias transportadas por el propio torrente sanguíneo, tal como hace el corazón humano. Se resuelva o no este problema, un corazón artificial seguirá siendo una máquina y su vulnerabilidad será la fiabilidad. ¿Qué maquina creada por el hombre puede funcionar durante casi un siglo de forma ininterrumpida sin averiarse?

Parece que la solución definitiva al trasplante de corazón hay que buscarla en la medicina regenerativa. Las investigaciones en este campo avanzan, no tan rápidamente como en los casos anteriores, aunque con pasos firmes y logros importantes. Ya se están reparando lesiones cardiacas con inyecciones de células madres. ¿Y si se pudiera contrarrestar el deterioro del corazón como consecuencia del rechazo con la aplicación periódica de esta terapia? No sólo se alargaría la vida útil del corazón trasplantado, sino que se podrían reducir las dosis de fármacos inmunosupresores, manteniendo así las defensas del paciente en niveles más altos.

McGowan Institute for Regenerative Medicine
McGowan Institute for Regenerative Medicine

Pero las expectativas de las terapias con células madre van mucho más allá. Las últimas investigaciones apuntan hacia la obtención de órganos completos para trasplantes a partir de las células madre del propio afectado. Estos órganos serían 100% compatibles con el receptor, descartando la posibilidad de un rechazo por parte de su organismo y todos los inconvenientes que tiene un trasplante de otro donante. De hecho, podrían ser la solución definitiva para la mayor parte de las cardiopatías congénitas.

Siguiendo esta técnica experimental, científicos de la Universidad de Minessota, en Estados Unidos, han conseguido recientemente crear un corazón humano a partir de células madre. Para ello han partido de un órgano extraído a un donante, del que han retirado sus células, dejando sólo una estructura de fibras de colágeno. Posteriormente, se le han inyectado células madre del potencial receptor cultivadas en laboratorio para repoblar el nuevo corazón.

Lo más sorprendente de la aplicación de esta técnica en humanos es que, en teoría, al retirarse todas las células del órgano donado, el donante podría ser incluso un animal. De hecho, se está experimentando ya con corazones de cerdo. El éxito de esta línea de investigación podría marcar un antes y un después en los trasplantes, suponiendo una 'Barra libre' de órganos para todos en vez de la angustiosa espera de donante que de momento hay que sufrir.
Corazón de rata creado con esta técnica en los laboratorios de la Universidad de Minnesota
Corazón de rata creado con esta técnica en los laboratorios de la Universidad de Minnesota

Bibliografía

Sociedad Española de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas
- Manual para Padres de Niños con Cardiopatía Congénita
  Dr. José Santos de Soto

Hospital Gregorio Marañon de Madrid
- Guía de padres y familiares
  Departamento de Pediatría de la Unidad de Cardiología Infantil

Cardiopatiascongenitas.net
- Indicaciones del Trasplante Cardiaco en cardiopatías congénitas y miocardiopatías
- Circulación extracorpórea
  Dr. Fernando Villagrá

Organización Nacional de Trasplantes (ONT)
- Datos de Donación y Trasplante

MedicineNet.com
- Heart Transplant
  Dr. Michael C. Fishbein

The University of Mississippi Medical Center
- Dr. James D. Hardy

The Lancet
- Richard Rowland Lower
  Volume 372, Issue 9640, Page 712, 30 August 2008

Columbia University Medical Center (New York)
- A Brief History of Heart Transplantation
  Department of Surgery

Children's Hospital of Pittsburgh
- Trasplante de Corazón y Pulmón

UP to planet EADS
Un corazón invencible

Wikipedia
- Trasplante de corazón
- Ciclosporina
- Tacrolimus
- Corazón artificial

El Mundo
- 40 años del primer trasplante de corazón

20 Minutos
- "Tener un corazón artificial supondría menos trauma que tener el de otra persona"
- El primer corazón completamente artificial pero órganico estará listo en dos años

Asociación Corazón y Vida
- Terapias con células madre

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Comentarios
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1.Publicado por carmen el 05/07/2013 13:40 (desde móvil)
Tengo un amigo q necesita un trasplante de corazon. El tiene un marcapasos y ya no le esta funcionando bien

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