Sin embargo, antes de aplicar alguna de las técnicas propuestas en este manual, es muy importante ayudar a nuestros hijos a conocer y comprender su enfermedad, así como los tratamientos a los que tienen que someterse.
Por lo tanto, lo primero hay que hacer es explicar a nuestros hijos lo que se le está haciendo y el por qué, ya que cuanto mejor entienda su situación, mejor será su reacción ante el tratamiento. Por supuesto, no es fácil explicar a un niño pequeño por qué tiene que entrar en un hospital, especialmente si se siente bien. Una situación que se da con frecuencia en el caso de nuestros hijos, cuyas intervenciones, siempre que es posible, intentan programarse coincidiendo con los momentos en los que se encuentran mejor para tratar de minimizar los riesgos asociados a la cirugía.
Además de hacer entender a nuestros hijos su enfermedad, convendría dejarles tomar pequeñas decisiones, ya que toda situación que conlleve una pérdida de control puede ser un gran problema para la mayoría de los niños. Una acción tan simple como ser capaz de decidir, por ejemplo, dónde recibir la inyección, en qué brazo, o incluso si tendrá o no la mano de mamá, puede ayudar a los niños a controlar una situación aún cuando el nivel de control sea, en realidad, mínimo.
Es igualmente importante no infravalorar su sufrimiento. Los niños son más sensibles al dolor que los adultos, sobre todo aquellos que se han visto sometidos a experiencias dolorosas siendo neonatos o lactantes, ya que presentan una mayor hipersensibilidad si cabe frente al dolor. En este sentido, evita los comentarios negativos y las comparaciones. Con frases como "si no es nada", "no seas infantil", "no hagas el tonto", "qué van a pensar de ti", "pareces una nenita", "tu hermano fue mucho más valiente" o "mira ese niño, es mucho más pequeño y no llora y se porta mucho mejor que tú", sólo conseguirás asustarle más y debilitar su autoestima.
A pesar del dolor que puedan sentir los niños, hay que evitar caer en la sobreprotección. Consuela y tranquiliza a tu hijo tanto como lo necesite, pero no lo subestimes: necesita tu ayuda, no tu compasión. Para ello, evita calificarle con términos tales como "pobrecito", que propician la autocompasión y le harán dudar de si mismo.
Un último consejo: tienes que estar tranquilo. Puede parecer intrascendente, pero los niños pequeños son tan sensibles al ánimo de sus padres que, si tu puedes afrontar el hecho de que tu hijo esté siendo inyectado, entonces seguro que él también lo hará. Asegúrate que eres capaz de asistir a la puesta de la inyección sin trasmitir tensión a tu hijo.
Técnicas para eliminar el dolor
Conviene volver a ensayar brevemente lo ya practicado en casa alrededor de 10 minutos antes de que tenga lugar la inyección. Luego, tú o la enfermera deberéis decidir cuándo es el momento correcto. El mejor momento para empezar es cuando tu hijo se encuentre relativamente tranquilo, y el peor es cuando se encuentra atemorizado.
Distracción
- Cantar y llevar el compás. Puede ser de gran ayuda para los niños pequeños, y también sirve de método de relajación para los mayores. Dile al personal médico cuál es la canción favorita de tu hijo. Tal vez podáis cantarla todos juntos.
- Contar. Resulta particularmente útil para los más pequeños que acaban de aprender a contar. Dile a tu hijo que cuente tanto como pueda, quizás dándole objetos para que vaya contándolos. A veces, ayuda que cuentes junto con tu hijo.
- Puzzles matemáticos. A los niños mayores les puede gustar hacer sumas mentales. Comienza con algo simple. Una buena forma de mantener la atención del niño puede ser el pedirle que cuente regresivamente desde 100, pero de tres en tres, o haciéndolo tú pero con errores deliberados para que tu hijo pueda corregirlos.
- Chistes. Guarda una buena provisión de libros de chistes a mano. Tienen la ventaja de atraer a los niños.
- Juegos y puzzles. Utiliza juegos en los que tu hijo tenga que hacer una marca o indicar las posiciones, tal como cruz y raya.
- Televisión, vídeo y cintas. Resulta práctico utilizar material audiovisual tal como un programa de televisión, un vídeo favorito o un juego de ordenador. Las cintas para escuchar con walkman también pueden retener la atención de tu hijo.
Relajación
Cuanto más relajados estén los músculos, menos sentirá el dolor. La mejor forma de relajarlos es tensarlos por secuencias, seguido de la relajación rápida de cada uno de ellos. La guía de la Fundación Menudos Corazones nos propone un método rápido:
Tu hijo aprieta tu mano y tensa el cuerpo mientras tú cuentas hasta cinco. Tú mismo puedes hacerle una demostración apretando y tensando los músculos al mismo tiempo. Pídele que mantenga la tensión durante un par de segundos.
Luego, cuenta despacio de cinco a uno, relajando gradualmente la presión de la mano. Deja que todo tu cuerpo se relaje mientras tu hijo suelta el aire y también se relaja.
Realiza este ejercicio un par de veces antes de que le pongan la inyección y repítelo mientras se la ponen, aspirando el aire mientras le limpian la piel, reteniéndolo, y expirándolo mientras le clavan la aguja.
Otra buena técnica es pedir a tu hijo que imagine que hay una pluma en la parte de atrás de su mano, y luego le animas a soplar suavemente para retirarla, lo suficiente para hacerla volar. Esto ayuda incluso a la respiración de relajación.
Imaginación
Recurre a las principales aficiones de tu hijo e interpreta el dolor a través de situaciones imaginarias que involucre estas aficiones. Por ejemplo, si le gusta boxear anímale para que finja ser un campeón escolar pero que no podrá ser un campeón nacional porque sus brazos no son lo suficientemente fuertes. Se imaginará que la inyección que le tienen que aplicar le fortalecerá los brazos.
Tú puedes ayudar a un niño muy pequeño a reinterpretar el dolor identificándose con una muñeca o marioneta. Por ejemplo, cuéntale una historia sobre uno de sus juguetes que está enfermo y deben aplicarle una inyección. Pídele que ayude a su juguete a sobreponerse al dolor.
Las marionetas también pueden ser utilizadas de otra forma. Por ejemplo, en una sesión de ensayo antes de la aplicación de la inyección real, la marioneta se las arregla para mantenerse tranquila mientras le pone la inyección porque mamá le acaricia la otra mano. Tu hijo se puede identificar con la marioneta y conseguir mantenerse tranquilo. Esto tendrá más éxito si tu hijo ayuda a elegir la estrategia de enfrentamiento para la marioneta, y la misma estrategia puede ser usada durante la "función real".











Cuidado y tratamiento de las cicatrices postquirúrgicas
Qué es Corazón y Vida




La Asociación no se hace responsable de las opiniones expresadas por los usuarios.