Conforme apunta el doctor Rábago, “se trata de un dispositivo que permite al paciente llevar una vida bastante próxima a la normalidad, evitándole una hospitalización frecuente o continua”. Desde el alta hospitalaria, el paciente ha ingresado una sola vez para ajustar el tratamiento y es seguido de forma ambulatoria por su cardiólogo.
Otra de las ventajas que aporta es que “al no tratarse de un órgano de donante -como ocurre en el caso de un trasplante cardiaco-, sino de un dispositivo electrónico, no genera rechazo alguno en el paciente lo que le evita tomar medicación inmunosupresora de por vida”, destaca el especialista. El control posterior que debe llevar el paciente es el habitual en la toma de fármacos anticoagulantes. “Podemos asegurar que en el plazo de un año se habrá adaptado totalmente a la vida con este dispositivo. Desde el principio, ha reducido significativamente la medicación que tomaba antes de la intervención y evita los constantes ingresos hospitalarios a los que se veía obligado”, explica el cirujano cardiaco.
En hospitales internacionales el ventrículo artificial HeartMate II se utiliza de forma más habitual como solución “puente” durante el tiempo de espera para un trasplante cardiaco, “ya que en otros países los plazos para recibir un órgano de donante suelen ser mucho más prolongados que en España”, advierte el especialista. En conclusión, el doctor Rábago destaca que “numerosos estudios internacionales han puesto de manifiesto que la eficacia de estos dispositivos permite realizar una vida normal, con un considerable ahorro económico, a pacientes con insuficiencia cardiaca terminal que hasta ahora no contaban con otras opciones terapéuticas”.
Noticia completa de la Clínica Universidad de Navarra
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