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'La suma de factores clínicos y pruebas complementarias nos ayudan a establecer un pronóstico aproximado'

Hablamos con...

Nota

Dr. Marcos Madruga Garrido
, especialista en Neurología Pediátrica del Hospital Infantil del H.U. Virgen del Rocío y del Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz



'La suma de factores clínicos y pruebas complementarias nos ayudan a establecer un pronóstico aproximado'
Mucho se ha hablado en nuestra web de las cardiopatías congénitas, de sus características y limitaciones, cuidados y tratamientos... Sin embargo, la información sobre los daños neurológicos causados por las alteraciones cardiológicas o asociados a ciertos cuadros sindrómicos que incluyen alguna cardiopatía congénita era, hasta ahora, una asignatura pendiente.

Esta entrevista, concedida por el Dr. Marcos Madruga a Corazón y Vida, junto con nuestro último artículo de A fondo, titulado Transtornos del desarrollo neurológico en niños con cardiopatía congénita, viene a cubrir la desinformación existente en este área, algo que angustia terriblemente a muchos padres de niños con cardiopatías congénitas.


¿Cuáles son las causas más habituales que dan lugar a un daño neurológico en neonatos y niños con cardiopatía congénita?

La causa del daño neurológico va a depender del tipo de cardiopatía. De forma general, podemos decir que hay dos fundamentales, que son, por un lado, un menor flujo cerebral, es decir, menor llegada de sangre para oxigenar y nutrir las neuronas y otras células del cerebro, y, por otro lado, una hipoxemia cerebral, que se traduce como una menor cantidad de oxígeno transportado por la sangre que llega al cerebro. El daño cerebral va a depender además de la forma de instauración, siendo peor si ésta es aguda, pues hay menor capacidad de adaptación del organismo, de las áreas cerebrales afectadas y del momento en se produzca esa lesión, siendo más complicada la recuperación si el daño se produce en un cerebro de un niño de 5 o 6 años que si se produce en un recién nacido por la menor plasticidad cerebral del niño mayor.

Es importante señalar que, en ocasiones, podemos encontrar daño cerebral no directamente causado por las alteraciones cardiológicas. Son lesiones cerebrales que están asociadas en un mismo cuadro sindrómico y el daño cerebral puede ser motivado, por ejemplo, por un mal desarrollo del cerebro y no por un daño sobrevenido por la cardiopatía. Ejemplos de esta situación lo vemos en síndromes como el síndrome de deleción 1p36 o el síndrome de William-Beuren.


¿Con qué pruebas diagnósticas cuenta hoy día un especialista médico para detectar un daño neurológico y su alcance en un neonato?

En la actualidad, y como hace muchos años, son los síntomas y signos clínicos las mejores herramientas que tiene el especialista para detectar un daño neurológico. Nunca debe sustituirse una historia clínica y una exploración física para determinar la existencia de daño neurológico. Como herramientas complementarias podemos hacer uso de pruebas de neuroimagen, como la ecografía cerebral, el TAC o la resonancia magnética cerebral. Además pruebas como los potenciales evocados auditivos o visuales nos ayudarán a explorar funciones cerebrales como la audición o la visión en algunos niños con sospecha de daño neurológico. Establecer un pronóstico basado en las pruebas de imagen es bastante complicado, pues existe una gran variabilidad de afectación incluso con lesiones similares en neuroimagen. En ocasiones nos encontramos con niños con importante afectación neurológica con resonancias magnéticas normales y viceversa. Así, será la suma de factores clínicos y pruebas complementarias las que nos ayudarán a establecer un pronóstico aproximado.


Una vez confirmado un daño neurológico, ¿qué terapias pueden paliar sus efectos y favorecer la máxima integración del niño afectado en la sociedad?

En realidad, la atención debería realizarse no sólo cuando se confirma el daño sino cuando existe riesgo potencial de haberse producido. Este tipo de atención (atención temprana) se justifica porque en ocasiones, pequeñas lesiones pueden dar lugar a síntomas que no se ponen de manifiesto hasta pasados unos meses o años. Estos síntomas, que no son detectados inicialmente, incluyen por ejemplo dificultades atencionales o de aprendizaje, en la motricidad fina o en el lenguaje o la lectura.

En cualquier caso, las terapias incluyen fisioterapia y rehabilitación, logopedia, terapias ocupacionales, apoyos escolares y psicológicos y, en ocasiones, medicaciones. Entre estas últimas terapias, podemos emplear fármacos antiespásticos, antiepilépticos, psicoestimulantes y muchos otros. El objetivo siempre será mejorar la calidad de vida de los niños con cardiopatías afectos de daño cerebral y de sus familias.


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