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Sentidas palabras de la Dra. Olivera Avezuela tras ser homenajeada

Nosotros contamos

Nota

Por su interés, reproducimos a continuación las bonitas palabras que la Dra. Olivera Avezuela nos dirigió tras ser homenajeada en la VI Gala Benéfica.



Queridos padres de niños con cardiopatías, queridos niños, y los que lo fueron y ya no lo son. Queridos miembros de la Asociación “Corazón y Vida”. Queridos compañeros y amigos:

No puedo negar lo feliz que me hace recibir la consideración y el honor que supone que esta Asociación de ayuda para la mejora de la calidad de vida de los niños afectados de cardiopatías se haya acordado de mí. Por otro lado me siento abrumada: no me veo merecedora de tanta distinción. Encontrarme entre vosotros es la principal satisfacción que tengo: me devuelve la emoción que tantas veces he sentido con el trato a los niños, con el trato a sus padres, abuelos y otros familiares, en momentos tan intensos y decisivos. Moverme y participar en los escenarios donde nacen ó llegan nuestros niños enfermos, donde evolucionan y vienen a revisión y seguimiento ha sido de muchísimo agrado para mí, pese a las dificultades que tantas veces ha supuesto.

Hice Pediatría porque me gustaban la Medicina Interna y los niños. Tuve la suerte de poder ejercerla estrenando un Hospital en Cádiz. Coincidimos un grupo durante muchos años, algunos durante toda nuestra vida profesional en un Servicio joven e ilusionado. Ahora ya casi todos jubilados seguimos jóvenes, pero entonces éramos jovencísimos. Creo que hicimos la Pediatría lo mejor que supimos y pudimos: movido cada uno por su carácter, sus enseñanzas y convicciones, pero con un sentimiento de cariño y ayuda común que es lo primero que yo agradezco a mis compañeros. Trabajo, guardias, responsabilidades que resolver, vacaciones a distribuir: es difícil a veces permaneciendo en el mismo sitio. Tiempo suficiente para que ocurran muchas coincidencias y también a veces desencuentros.

Era un Hospital moderno y limpio pero nos faltaba todo el material pediátrico que veíamos en los hospitales importantes. Con una zona materno- infantil muy grande por la alta natalidad de la época, pero llegamos con una Neonatología sin apenas incubadoras, unos Lactantes sin las tiendas de oxígeno de la época, unos Preescolares sin zona de juegos, entre otras muchísimas carencias.

Siendo del máximo nivel provincial, era lógico que se organizaran las Especialidades pediátricas, que ya llevaban tiempo en España. Y de hecho, nuestra plantilla inicial contaba con dos Especialidades: Neonatología y Cardiología Pediátrica. No es de extrañar porque ya entonces, controlados en gran parte los problemas de nutrición y de infecciones, aparecían las malformaciones como primera causa de letalidad. Y sabemos que las malformaciones congénitas mayores más frecuentes son las de corazón: 0,9- 1% de recién nacidos vivos, con mortalidad muy alta pero de las más corregibles en los niños por los grandes progresos de la Cirugía Cardíaca a partir de los años 50.

Manuel Quero me había admitido en varias estancias formativas en Madrid y fue el fundamento de mi aprendizaje y de mi ilusión por la Cardiología Pediátrica. Él inició esta especialidad en nuestro país. Fue un médico y profesor siempre abierto, generoso y estimulante y un ejemplo de los mejores valores humanos de una generación, con numerosos discípulos y compañeros en todo el mundo. En aquellos lejanos tiempos iban muchos niños a operarse a Madrid, bien atendidos por J.M. Brito y otros cirujanos.

Tuvimos la suerte de contar con Mario Cazzanigga, que ganó la jefatura de Cardiología Pediátrica de Cádiz, y fue para mí un referente desde entonces. Lo recuerdo con mi admiración y cariño. Le agradezco como inició y organizó la Sesión, todo lo que me enseñó, y la ayuda que continuó luego dándome, tras pedir excedencia, trabajando finalmente en el “Ramón y Cajal” de Madrid.


Sentidas palabras de la Dra. Olivera Avezuela tras ser homenajeada
Entonces la Cardiopediatría se quedó huérfana, y se convirtió en la fuente de mis fatalidades y también de mis satisfacciones en el trabajo. Se había divulgado la referencia provincial, así que todo derivaba a Cádiz; afortunadamente más tarde empezó a funcionar en Jerez mi admirada y querida compañera Carmen Ruiz Berdejo, con una magnífica labor. Y yo allí enrabietada, reclamando año tras año que se restableciera la Sesión, Unidad, ó como quisieran llamarlo…¡qué batallas, ahora me dan risa, solo me da pena el tiempo perdido¡. Reconozco mi ingenuidad manteniendo durante tantos años las reuniones con las diversas Direcciones de mi Hospital, que me agobiaban por mi falta de tiempo, así como el trabajo burocrático que me pedían: Memorias anuales de la Sección de Cardiología Pediátrica (que realmente estaba suprimida), cuantificación de actividades, etc. etc.… Con resultados pobres: pequeños arreglos de organización, y siempre promesas, nunca cumplidas, de personal y medios. Ese es un tiempo que me pesa en mi trabajo….

Por otra parte, el estímulo era grande: la tarea era necesaria y gratificante. Les agradezco a mis niños y sus familias (padres, madres, abuelas, abuelos) la buena relación, el cariño que me dieron, también la paciencia que tuvieron conmigo y con las precariedades que compartimos. Hasta les agradezco a algunos sus protestas, que muchas veces yo aprovechaba para recalcar las carencias en la Especialidad. Desde recién nacidos hasta librarlos de la mili, cuando la había. Muchos corazones operados llegaron a tener sus hijos. Todos los pediatras que aquí estamos sabemos lo que vale eso: ¡que buen rollo con nuestros “devotos”, cuantas relaciones estupendas¡.

Los cardiólogos pediátricos sabemos lo que significó la ecocardio- doppler: casi el final del cateterismo diagnóstico, la autonomía junto a los cirujanos. Empezaron mis peleas más o menos amistosas con los radiólogos, ó con los cardiólogos de adultos para usar los ecógrafos, que eran de ellos… pero la verdad es que entonces a los niños no los quería nadie… cuanto más pequeños más susto: prematuros?, un cardiólogo ante una incubadora?....Pero los aparatos no los tenía yo muy fáciles, siempre a deshoras, arrastrándolos por los pasillos…”ya viene la doctora con el canal Plus”, como decía un compañero.
Pero recuerdo con gran cariño mi relación con los Cardiólogos de adultos. Especialmente desde la llegada de algunos con experiencia en niños, como Manuel Sancho y los que vinieron con él a Hemodinámica; aliviaron enormemente la situación. Se reinició el cateterismo pediátrico, especialmente intervencionista y empezaron a colaborar en urgencias. Doy las gracias a Manolo, Roque y otros: no tengo palabras. Y en las arritmias, a Lucas Cano. Gracias por toda su ayuda.

Para mí, los cirujanos cardiacos infantiles son los máximos y mágicos artistas para los niños cardiópatas. Recuerdo con todo mi corazón (nunca mejor dicho) a Manuel Concha, que atendió generosamente en Córdoba la gran sobrecarga que acumulaba Cádiz inicialmente. Cuando quedé sola en Cardiología Pediátrica (atendiendo además la Pediatría General que me correspondía), seguí acudiendo los primeros años cada 6 meses al “Reina Sofía” para proponer los casos no urgentes para Cirugía ó cateterismo. La ayuda que me brindaron los cardiólogos fue siempre estupenda, y se la agradezco en especial a Ignacio Tejero, más dedicado a los niños, a J. Suárez de Lezo y M. Pan que atendieron amable y abiertamente la Hemodinámica. Siempre estuvieron receptivos y eficaces, y contaron conmigo para consultas, publicaciones y actividades. En verdad, ¡qué buenos tiempos, cuanto me enseñaron y que bien lo pasamos!.

El núcleo central y la base de la organización de la Cardiología Pediátrica para Cádiz está en Sevilla. La experiencia con los cardiopediatras de Sevilla ha sido entrañable. Me desborda el agradecimiento y el cariño hacia ellos, que han recibido y cargado continuamente con mis consultas, y han atendido con tanta calidad y calidez a los niños de Cádiz. El Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Infantil “Virgen del Rocío” de Sevilla está altamente prestigiado a nivel nacional e internacional. Con su Jefe, José Santos de Soto fundaron la Sociedad Española de Cardiología Pediátrica y Cardiopatías Congénitas. Y su primer Congreso, en Sevilla en el año 2003. Para mí han tenido una consideración y me han dado una confianza y un lugar que no conocía. ¡Qué gran suerte haber conocido y tratado a Pepe Santos, a Josefina Grueso, a Pepe Toro, Alfonso Descalzo, José Luis Gavilán, Antonio Moruno. Y a Mauro Gil Fournier, el mago de Sevilla. Ellos han sido mi casa de socorro, mi paño de lágrimas. Siempre con respuesta y ayuda a mis llamadas de teléfono, a mis envíos sin horarios. En medio de condiciones difíciles muchas veces: no me quiero ni acordar cuando nos quedamos sin Cirujanos cardíacos. Aquellos fueron malabarismos. Compartimos problemas pero también disfrutamos trabajando y aprendiendo.

Los residentes siempre me han animado: la ilusión de enseñarles algo, todo lo que ellos me enseñaron a mí. Qué buena gente. Agradezco su estímulo y ayuda a todos los que rotaron conmigo. Muchas veces me consolaban y se indignaban conmigo ante las adversidades. Me acompañaron a Congresos y Cursos, disfrutamos haciendo trabajos y pósters. También en los malos tragos. Los llevo en mi corazón. El enganche con la docencia me lo favoreció también mi 2º Jefe, José Luis Lechuga, con los alumnos de la Facultad.

La última etapa ha sido una especie de premio para mí. Con un buen Ecocardiógrafo por fin para Pediatría. Vino a trabajar Moisés Rodríguez: un sueño de compañero, sabio en Cardiología Pediátrica, afectuoso, animoso… todo lo que se diga es poco. Cuánto hubiera dado por tenerle antes al lado.

Brindo aquí con toda mi admiración por la enfermería, que tantas veces ha socorrido mis necesidades y mis ignorancias, y tanto se ha volcado con los niños cardiópatas. Los momentos duros los compartíamos como una piña. A todo el personal, todos y todas como se dice ahora, los que nos queremos, les doy las gracias por su paciencia conmigo y por su ayuda generosa. Muchísimos nombres pasan por mi mente: celadores, auxiliares, administrativas….

La aparición de una Asociación que uniera a los padres para mejorar las condiciones de los niños cardiópatas fue de una importancia decisiva. Desde el principio, en el 2003, procuré difundirla todo lo que pude desde Neonatología y la Consulta externa. Además de los niños y sus padres me beneficié yo, pues la comprensión y aceptación de las patologías, de los tratamientos, de las Cirugías por parte de los padres, se mejoró y benefició notablemente. Las familias empezaros a recibir alojamiento y ayuda, y el ánimo en el difícil trance se notó en poco tiempo.

En Cádiz se presentó en el Hospital, el 16 de Noviembre de 2004, acudiendo los familiares y algunos profesionales. Posteriormente han seguido otras reuniones, algunas con sesión de Escuela de Padres. Todo ello se lo agradezco a “Corazón y Vida”, a Rosario y las demás chicas, y les deseo que los éxitos crezcan más y más.

Les agradezco con todo mi corazón la distinción que hoy me hacen. Recién jubilada y por lo mismo muy avanzada en la vida, me da un poco de pena cortar con todo ello, especialmente cuando me encuentro con los niños. Por suerte llegan otras cosas muy atractivas y me va pareciendo entrar a una vida muy distinta: es como una buena reencarnación.

Así que brindo por todo lo bueno que nos une, por el progreso de la Cardiología Pediátrica, por la felicidad de los niños, extensible a todas las edades, por los deseos de “Corazón y Vida” y porque nos sigan saltando alegres chispas y burbujitas cuando nos encontremos por las calles.

Mª del Carmen Olivera Avezuela
25/11/2011

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Comentarios
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1.Publicado por Daniel Rojas el 23/12/2011 20:09
Desde Cádiz doy gracias a la Dra. Olivera, pues fué ella quien estubo antendiendome desde que nací hasta que me hice adulto, ahora tengo 26 años. Gracias por todo!!

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