Alimentación en niños con cardiopatía congénita
Todos imaginamos, con mayor o menor acierto, lo que implica la llegada de un hijo a la familia. Sin embargo, traer al mundo un hijo con una cardiopatía congénita rompe todos los esquemas de los padres en múltiples facetas de la vida: la propia relación con el hijo enfermo y sus hermanos sanos, con los médicos, con las administraciones públicas y las asociaciones de pacientes, como Corazón y Vida, la educación, las limitaciones para viajar o realizar actividades físicas o la nutrición, entre otros asuntos.

Aunque ya hemos tocado en ‘A fondo’ temas puntuales relacionados con la nutrición, como la higiene dental, el aceite de oliva y la salud cardiovascular y colesterol y corazón, en este reportaje abordamos el problema de forma global, contemplando todos sus aspectos.

Problemas fisiológicos

Existen factores fisiológicos en los niños nacidos con alguna cardiopatía congénita que pueden dificultar su normal alimentación y desarrollo. En ocasiones, la insuficiencia de su sistema cardiovascular puede hacer que el bebé desista de mamar por un exceso de cansancio. Para desesperación de sus padres, algunos incluso devuelven lo poco que han comido o no son capaces de coordinar su respiración al comer, debido a la mayor demanda de oxígeno que requiere su organismo. Disfunciones al tragar, retrasos en la evacuación gástrica y edemas intestinales completan el cuadro de posibles síntomas asociados a estos niños.

Alimentación en niños con cardiopatía congénita
Además, algunos bebés que son operados justo después de nacer y comienzan a recibir alimento por vía nasogástrica no desarrollan su instinto para succionar y pueden presentar problemas al comenzar de forma tardía su fase de lactancia.

Para finalizar, queremos recordar que los niños con cardiopatías congénitas son más propensos a sufrir caries que el resto de la población, por lo que es especialmente importante inculcarles hábitos de higiene dental desde muy pequeños.

Todos estos problemas podrían solucionarse si se corrigiese quirúrgicamente la cardiopatía, pero muchas afecciones no pueden solucionarse con una única intervención, por lo que el niño tiene que convivir con ella durante varios años de su vida.

Problemas de desnutrición y crecimiento

La lactancia es esencial para el desarrollo físico y mental del bebé. Sin embargo, los problemas fisiologicos que acabamos de exponer, unidos al mayor consumo de energía que tiene un corazón con alguna patología, hacen que el bebé enfermo tarde más en ganar peso que otros niños sanos de la misma edad.
Alimentación en niños con cardiopatía congénita

Varios estudios afirman que en torno a la mitad de los niños con esta afección padecen desnutrición y, en consecuencia, un retraso en su desarrollo. De hecho, una prueba de ello es que las adolescentes que han padecido o padecen una cardiopatía congénita tienen su primera menstruación a una edad ligeramente superior a la de la población general, tal como vimos en el artículo de ‘A fondo’ del mes pasado dedicado a ‘Cardiopatías congénitas y sexualidad’.

Los padres suelen pesar y medir a sus hijos en casa o en la farmacia, pero en casos de niños con cardiopatía congénita es recomendable que sea el pediatra, el cardiólogo pediátrico u otro personal sanitario cualificado quien lleve el control del peso y la talla del bebé.

Alimentación del bebé: pecho, biberón y sonda nasogástrica

A un bebé se le puede alimentar dándole el pecho, con un biberón o mediante sonda nasogástrica.

La primera opción es la más natural y recomendable, ya que cumple otras funciones como la creación de vínculos afectivos entre madre e hijo o el refuerzo del sistema inmunológico del lactante. Además, para el bebé es mucho más fácil tomar el pecho que el biberón.

Si el bebé es operado justo después de nacer, la madre tendrá que sacarse leche artificialmente durante las primeras 24 horas para garantizar el suministro más adelante y evitar que los pechos dejen de producirla.

Alimentación en niños con cardiopatía congénita

Sin embargo, en algunas ocasiones, por enfermedades de la madre o por motivos psicológicos, sociales o laborales, no se inicia la lactancia materna o se interrumpe precozmente, y hay que recurrir al biberón. A pesar de ser más complicado para el bebé succionar de una tetina de silicona, este método alternativo también tiene sus ventajas. La leche preparada para lactantes suele contener algunos nutrientes de los que carece la leche materna. Además, la facilidad de control de la cantidad de alimento que el bebé ingiere es un claro punto a favor del biberón.

Algunos bebés que padecen cardiopatías congénitas necesitan una alimentación complementaria mediante sonda nasogástrica. La sonda es un tubo que se introduce en la nariz y llega hasta el estómago. Si el niño necesita alimentación complementaria durante mucho tiempo, se puede utilizar una sonda gástrica conectada quirúrgicamente a su estómago o un tubo de jejunostomía, unido también quirúrgicamente, pero directamente al intestino.

Aunque el bebé se alimente por sonda, es importante no suspender la alimentación por vía oral, ya que el niño debe habituarse a las diferentes texturas y sabores, además de desarrollar su actividad motora oral. En caso contrario, es probable que el niño pierda el interés por la alimentación.

Toma de la medicación

Muchos niños reciben medicamentos para controlar su patología, que normalmente se le administra mediante cuentagotas. Si el bebé toma el biberón, no debe mezclarse el medicamento con el preparado para
biberones.

Si el bebé vomita, no se le debe volver a suministrar la medicina de nuevo, ya que se desconoce qué cantidad de la dosis ha podido haber absorbido. Una sobredosis de un medicamento como la digoxina puede resultar tóxica para el bebé. Es más prudente espera hasta la siguiente toma. En caso de que esto ocurra reiteradamente, hay que hacérselo saber al cardiólogo para que reajuste la medicación.

Problemas psicológicos de los padres

Todo los visto anteriormente no sólo afecta al bebé, sino que puede causar problemas psicológicos de diversa índole en los padres.

Se supone que amamantar a un bebé es un momento de armonía y felicidad. Sin embargo, si al niño le cuesta comer o se niega a hacerlo, los padres pueden sentirse frustrados. Además, la preocupación por la supervivencia de su hijo genera mucha ansiedad. Los padres pueden sentirse rechazados por su hijo o pueden pensar que no le gusta su comida, sintiéndose apenados, culpables y malos padres.

El problema puede agravarse si, con el paso del tiempo y debido al cansancio, el estrés, la inseguridad y la falta de apoyo emocional, estos sentimientos dan un giro y hacen que los padres lleguen a sentir repulsión, e incluso desprecio hacia su hijo porque se niega a comer.

El apoyo de un psicólogo experto en esta materia puede ser de gran ayuda en estos casos para evitar llegar a estos extremos.

Bibliografía

Corience
Nutrición, desnutrición y problemas de alimentación

Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)
Lactancia artificial y biberón