Hasta ahora, casi todos los trasplantes de corazón procedían de pacientes que habían sufrido muerte cerebral, mientras su corazón continuaba latiendo, lo que limitaba el número de trasplantes posibles. Lo novedoso, lo relevante de esta noticia, es la posibilidad de donación después de la muerte circulatoria, lo que amplía el grupo de donantes y posibilita el aumento del número de trasplantes.

La utilización de una máquina llamada Organ Care System (OCS), diseñada para emular el cuerpo humano, mantiene el corazón caliente, latiendo y bombeando sangre, y posibilita su transporte hasta el destinatario.

Desde hace unos años se viene trabajando en el uso de este tipo de máquinas en adultos, superándose la forma tradicional de donación de órganos tras la muerte cerebral.

Ahora, una colaboración entre el Hospital Royal Papworth (RPH) en Cambridge, cuyo equipo recupera el corazón, y el hospital Great Ormond Street en Londres, cuyo equipo implanta el órgano, ha sido pionera en el primer uso de la técnica en el trasplante pediátrico.

Un futuro prometedor

Ana Hadley

Por el momento, la tecnología está limitada a donantes que pesen al menos 50 kg, pero los dos hospitales están trabajando en una nueva máquina que permitirá la donación incluso de bebés, lo que podría marcar el comienzo de una era de trasplantes para bebés y niños pequeños donde los donantes son los más escaso. Un prototipo está listo y los médicos esperan comenzar a usar la máquina a fines de este año.

Freya Heddington

Este nuevo avance ha favorecido, hasta la fecha, a seis menores de entre 12 y 16 años.

La primera niña trasplantada con la nueva técnica tenía 15 años, Anna Hadley, a quien se le diagnosticó miocardiopatía restrictiva en 2018.

Otro de los primeros casos pediátricos en someterse a este tipo de cirugía cardíaca fue el de Freya, de 14 años, diagnosticada igualmente de una miocardiopatía restrictiva en agosto de 2019. Freya salió del hospital 10 días después de su operación y en unos meses pudo comenzar a hacer las cosas que más amaba, como montar a caballo. “Ahora tengo más resistencia. Puedo salir a dar largas caminatas y escalar colinas y no necesito parar para respirar”, dice.

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