“Un niño con esa afección, por lo único que puede sentir pena es por ver a sus padres sufriendo”

“Un niño con esa afección, por lo único que puede sentir pena es por ver a sus padres sufriendo”

Antonio García Enrile, artesano y empresario del cuero

A diferencia del resto de entrevistados de esta sección, fue Antonio quien se dirigió a nosotros para solicitar esta entrevista. Estaba convencido de que su experiencia, como niño afectado por una cardiopatía congénita, podría aliviar el sufrimiento de muchos padres y ayudar a jóvenes como él a afrontar la vida con valentía. Tras hablar con él, no nos cabe la menos duda de ello.

Antonio, con la inestimable ayuda de sus padres y hermanos, dice haber crecido como un niño normal. Pero lo cierto es que esa mentalidad lo ha llevado a convertirse en una persona excepcional. Ha sabido dejar su cardiopatía de lado y hacer de su afición su profesión, convirtiéndose en un maestro en el trabajo de la piel al frente de un taller con una decena de colaboradores. El reconocimiento internacional de la calidad de sus zapatos, cinturones o gemelos, entre otros productos, lo ha llevado a trabajar para marcas de lujo. Incluso SS.MM. Felipe VI y J. Carlos I han lucido sus creaciones.

 

¿Con qué cardiopatía congénita viniste al mundo?

Mi cardiopatía es “Tetralogía de Fallot”, aunque sé poco o nada de ella. Mis padres me lo explicaron en su día como un “un agujero entre un ventrículo y otro que hace que se mezcle la sangre limpia y la sucia. Te van a poner un parche de teflón, lo que se pone en las sartenes para que no se pegue la comida”. Tan conforme quedé con la explicación que jamás en mi vida he mirado en ninguna parte más información sobre ella.

Soy el menor de 10 hermanos, por tanto, mis padres tenían bastante vivido a pesar de su edad y situación. Con el tiempo comprendí lo que debió suponer para ellos.

 

Supongo que has pasado por mucho por el hospital ¿sigues teniéndoles respeto o se les pierde el miedo?

Efectivamente pasé mucho tiempo en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, que fue donde me operaron. Allí continué con las posteriores revisiones que me hicieron hasta los 18 años.

Para mí no fue en absoluto traumático. Para un niño, el tiempo y la gravedad de las cosas son absolutamente relativos. Me adapté enseguida a la situación, hice amigos con problemas similares y hasta lo pasábamos bien. Creo que tantas horas en el hospital me ayudó bastante a desarrollar la imaginación.

Tengo multitud de maravillosos recuerdos de mis padres y, en concreto, de mi santa madre durante mi estancia en el hospital. Recuerdo cómo organizaba en una sala la lectura de una Biblia. La leía y explicaba como si fuera un cuento y todos los niños nos sentábamos alrededor a escuchar con atención. Esa era nuestra “tablet”.

Yo entonces, como explico, ni estaba preocupado ni sabía lo que suponía que mi madre se hubiera trasladado a Madrid y hubiera dejado en Sevilla a 9 hijos y a su marido.

Me operaron y gracias a Dios todo fue bien. Comencé a coger fuerzas enseguida y a comer como un león. Sé que tengo un folio lleno de “patologías”, supongo que se dice así, pero desde luego no tengo miedo ni a los hospitales ni a la vida: cada día es un regalo y trato de aprovecharlo.

 

¿Hasta qué punto tener una cardiopatía congénita como ésta te ha supuesto una limitación para llegar profesionalmente a donde estas?

No tengo presente mi cardiopatía en mi día a día, solamente trato de hacer una vida sana y pasar mis revisiones. En absoluto me ha supuesto ningún impedimento, es más, como he comentado anteriormente, si no llega a ser por esto quizás no habría desarrollado tanto la imaginación y sensibilidad necesarias para mi actual trabajo.

Soy una persona absolutamente normal, nunca tuve la sensación de “el niño enfermito”. Mis padres y hermanos no me lo transmitieron así, cosa que agradezco enormemente. Sin embargo, siempre me sentí enormemente querido por todos ellos.

Hice deporte durante toda mi adolescencia, sobre todo jugué al frontón. A los 19 años comencé a practicar esgrima en la modalidad de espada y al año siguiente fui subcampeón de Andalucía Absoluto. Me saqué el título de maestro de espada y sable y pensé incluso en dedicarme profesionalmente a esto. Por tanto, insisto en que mi vida ha sido absolutamente normal.

 

¿Tienes pareja o hijos? ¿Como lleváis en familia lo de tu corazón?

Llevo casado 11 años con la que fue mi novia durante 9. Tenemos tres hijos, dos varones y una niña que nació hace 4 meses.

De mi corazón hablamos poco, únicamente mi mujer lleva en peso mis revisiones y me anima con la vida saludable, pues no soy lo que se dice una persona constante. Mis hijos saben que me operaron de pequeño y poco más.

Los miedos por mi parte estuvieron presentes en los embarazos, pero mi mujer además de apoyo me aportó tranquilidad y una visión más amplia de la vida.

 

Desde tu experiencia de vida ¿qué mensaje enviarías a los niños, adolescentes y jóvenes que han nacido con una cardiopatía congénita y a sus padres?

A los niños ninguno, pues ellos son los que mejor saben cómo afrontar estas cosas.

A los adolescentes y jóvenes que vivan la vida igual que cualquier otra persona. Que si tienen alguna incapacidad física para realizar cosas que otros adolescentes o jóvenes hacen, que busquen otra afición alternativa, que hay muchas. Que no sientan su enfermedad como una espada de Damocles, pues la vida les demostrará que son ellos los responsables de que su vida transcurra de un modo pleno y feliz.

Por último, a los padres me gustaría decirles que sean muy conscientes de que su hijo no sufre de la manera que lo hacemos los adultos. Un niño con esa afección no siente pena por lo que le pasa, por lo único que puede sentir pena es por ver a sus padres sufriendo, así que mucho ánimo y mi admiración y agradecimiento a esos padres que luchan tanto por sus hijos.

2018-03-05T15:30:56+00:005 marzo 2018|0 Comentarios

Deje un Comentario