Un corazón que late normalmente está controlado por señales eléctricas que hacen que sus tejidos se expandan y contraigan. Las personas que avanzan hacia la insuficiencia cardíaca pueden, con el tiempo, formar cicatrices en el tejido cardíaco que conducen poca o ninguna electricidad, creando brechas eléctricas y empeorando los problemas cardíacos.

En septiembre de 2015, el Instituto del Corazón de Texas, en Estados Unidos, anunciaba la recepción de una prestigiosa beca de la American Heart Association que les permitiría investigar y probar la capacidad de fibras suaves y flexibles, hechas de nanotubos de carbono, para normalizar la conducción eléctrica cardíaca de tejido cicatricial del corazón.

Los resultados de dicha investigación, que nacía de un descubrimiento en 2013  para hacer dichas fibras conductoras  en forma de hilo, se han publicado casi cuatro años después en la revista «Circulation».

Estas fibras no tóxicas, recubiertas de polímeros, con sus extremos despojados para servir como electrodos, fueron efectivas para restaurar la función durante pruebas de un mes en modelos preclínicos, así como en roedores, ya estuviera la conducción inicial lenta, cortada o bloqueada. Las fibras funcionaban con o sin la presencia de un marcapasos. En los roedores, la conducción eléctrica desapareció cuando se retiraron las fibras.

“El restablecimiento de la conducción cardiaca con fibras de nanotubos de carbono tiene el potencial de revolucionar la terapia para los trastornos eléctricos cardiacos, una de las causas más comunes de muerte”, aseguran los autores, aunque puntualizan que “quedan muchas preguntas” antes de que este procedimiento pueda avanzar hacia las pruebas en humanos.